viernes, 15 de octubre de 2010

NUEVAS TECNOLOGIAS II

La educación y tecnología


1.1. EDUCACIÓN, TÉCNICA Y TECNOLOGÍA.

Es necesario justificar el papel que juega la tecnología y el desarrollo tecnológico en la sociedad, así como analizar su incidencia en distintos ámbitos sociales, ya que como se ha puesto de manifiesto en numerosas ocasiones, el desarrollo técnico de las nuevas tecnologías de la información y comunicación va por delante del estudio de sus repercusiones sociales.

La sociedad moderna se inicia con la Revolución industrial producida a lo largo de los siglos VIII y XIX. La industria se convierte en el motor de la actividad económica y las herramientas artesanales son sustituidas por las máquinas (máquina de vapor, máquinas eléctricas...), nuevas tecnologías que modifican profundamente los sistemas de producción y comunicación.

Se inicia la secuencia progreso tecnológico = desarrollo económico = bienestar social, tal como economistas y científicos sociales han confirmado (Parejo, 1997). Un gran cambio se produce también a nivel social, la burguesía se consolida como la clase social hegemónica, comprometida con la financiación de los nuevos procesos tecnológicos, mientras surge con fuerza como clase social el proletariado.

La relación entre cambio social y desarrollo tecnológico es evidente a lo largo de la historia, sin embargo la responsabilidad real de la tecnología en la transformación social es una cuestión debatida ¿hasta qué punto el cambio de las sociedades desarrolladas es causa o efecto de las nuevas tecnologías? Esta cuestión sigue generando discursos encontrados que aparecen cada vez que se descarga la responsabilidad de determinadas conductas y hábitos sociales en los nuevos medios de comunicación (televisión, Internet,..).

Así surgen preguntas como ¿es la juventud más agresiva como consecuencia de su exposición a la televisión o aumenta la agresividad en los medios de comunicación de masas porque la sociedad es cada vez más agresiva y competitiva?, ¿generan los videojuegos pautas de actuación machistas o sólo son una prolongación de las pautas existentes en nuestra sociedad?, etc.

El cambio tecnológico que estamos experimentando y el auge de nuevas formas de comunicación, hace imprescindible una reflexión desde la educación sobre el impacto de estas nuevas herramientas de comunicación, tanto en los comportamientos y los procesos de pensamiento de todos los grupos humanos como en las actitudes de la sociedad hacia estos nuevos medios y los modos de vida que sustentan, sin olvidar su impacto en las instituciones educativas y los nuevos procesos de enseñanza y aprendizaje que se posibilitan.

La tecnología ha generado planteamientos y actitudes muy diferentes a lo largo de la historia, hay épocas de escepticismo, de optimismo y de desasosiego ante los logros y las posibilidades de la tecnología.

En el mundo antiguo se reconoce la necesidad de la tecnología pero se sospecha, se desconfía de la misma, se piensa que es necesaria pero peligrosa, ya que ocasiona deterioros en la fe (confianza en los dioses como providencia). Los poetas y filósofos griegos (Platón, Socrátes, Homero, Jerofonte...) se muestran recelosos ante la opulencia y el estado de bienestar que traen consigo las "technai" si no se delimitan correctamente las fronteras de su actuación. Las personas se habitúan a las cosas fáciles y eligen lo menos perfecto cuando lo bello se encuentra en la dificultad y la perfección se encuentra en el extremo opuesto de lo sencillo.

La tecnología no puede ser la finalidad última de la mente humana, pues no puede liberar a ésta de las cuestiones mundanas. Mirando hacia la tecnología la persona no podrá nunca desarrollar una sabiduría espiritual, como máximo podrá alcanzar la sabiduría de las "technai". La desconfianza frente a la tecnología presidió la cultura de occidente hasta finales de la Edad Media.

El Renacimientoy la Ilustración cambia la postura de los hombres hacia la tecnología considerando que ésta es intrínsecamente buena y que sólo una accidental mala utilización de la misma puede causar efectos perniciosos. Bacon fue uno de los primeros autores en rechazar la idea de que la técnica ejercía una influencia corruptora sobre la moral, al contrario, defendió que los hombres encontrarían en la tecnología la forma de mitigar el sufrimiento propio de la condición humana. Su obra "New Atlantis" (1627) ha sido considerada una de las primeras utopías científicas al contemplar una sociedad urbana que progresa gracias a los adelantos técnicos frente a la concepción clásica de progreso ligado al refinamiento de las formas socio-políticas.

Adoptando una postura irónica, Bacon afirmará que la invención de la pólvora, la imprenta o el compás han hecho más por la humanidad que todos los discursos y debates filosófico-políticos que han tenido lugar a lo largo de la historia.

Posteriormente autores como D´alembert, Kant, Hume,... van a expresar su confianza en la acción tecnológica de los individuos.

Como consecuencia de la expansión tecnológica que tiene su hito más llamativo en la Revolución Industrialen la Inglaterra del siglo XVIII y los problemas sociales que ésta genera, surge el movimiento romántico. El Romanticismo puede entenderse como una reacción crítica a la racionalidad científica moderna. Sus representantes defienden la importancia y legitimidad de la imaginación y el sentimiento de forma angustiada y ambigua, y cuestionan la esclavitud que se oculta bajo el disfraz de lo bueno. Rousseau (1750) en su obra "Discurso sobre los Efectos Morales de las Artes y las Ciencias" escribe:

"A medida que aumentan las comodidades de la vida, a medida que las artes son llevadas a la perfección y que el lujo se extiende, el verdadero coraje languidece, las virtudes desaparecen. (...) El dinero aunque compra todo lo demás no puede comprar moral y ciudadanos. (...) Los políticos del mundo antiguo estaban siempre hablando acerca de moral y virtud; los nuestros no hablan de otra cosa que no sea comercio y dinero. (...) Nuestras mentes han sido corrompidas en la misma medida que las artes y las ciencias han mejorado" (Cit. en Mitcham, 1989b: 22).

La revolución tecnológica actual se equipara en cuanto a trascendencia a esa primera revolución industrial (Castells, 1986). Si bien en ésa el elemento clave fue el control de diferentes fuentes de energía, ahora la clave se encuentra en el control de la información, por lo que se ha denominado la Revolución de la Información. Este fenómeno tendría como características básicas:

• Los desarrollos tecnológicos afectan a los procesos en mayor medida que a los productos.

• El desarrollo en redes genera una interconexión entre los sujetos sin barreras espaciales y temporales de un gran impacto para la comunicación humana.

• El dominio de los países industrializados sobre el resto, apoyada en el control de los procesos de información y de la gestión de sus redes a nivel mundial.

Quizá podríamos calificar la posición actual sobre la tecnología de "confianza absoluta", se nos vende la tecnología como modernidad, como solución a todos nuestros problemas y la sociedad asume que la tecnología nos hace más libres, más independientes, nos abre nuevas posibilidades de comunicación y de información. Pocas son las voces que se alzan contra la hipnosis de las nuevas tecnologías y los discursos críticos, que provienen del mundo de la filosofía, sociología, pedagogía,.. son acalladas con las espectaculares aplicaciones pragmáticas que el mercado nos ofrece.

La Tecnología: Técnica y Ciencia.

La Tecnología se ha situado entre la ciencia y la técnica, entre los componentes teóricos de la primera y las ejecuciones prácticas de la segunda, siempre orientada a la resolución de los problemas que la humanidad se ha ido encontrando, aunque en algunos momentos se replantee las dimensiones éticas de los avances conseguidos.

Ciencia y Tecnología.

La palabra ciencia, etimológicamente, proviene del latín "scientia", el equivalente del griego "episteme": conocimiento riguroso, metódico, organizado. Remontándonos a Platón, éste diferenciaba entre el saber "episteme" y el saber "doxa".

La doxa, como saber cotidiano, es apariencial, se nos presenta indemostrable e irrepetible en sus datos y preceptos y está en contraposición a la ciencia y al saber verdadero. La episteme, como saber de la ciencia, presenta un doble sistema de referencia: sus "verdades", por un lado, deben ser válidas en la realidad (praxis), y, por otro, deben ser ubicadas dentro de un sistema cognoscitivo. Desde esta concepción del saber, conocer un fenómeno no significa simplemente poder reaccionar ante él, sino conocer la conexión que lo liga a otros fenómenos y captar el lugar que ocupa entre éstos.

Se puede decir que ya desde el principio, el conocimiento científico se plantea como algo que va más allá del conocimiento cotidiano, es decir, pretende alcanzar la esencia y las leyes de los fenómenos y los hechos. Para ello se estructura sobre algunos supuestos (Ander-Egg, 1.983: 30)

• El conocimiento es posible: éste es un principio que da por sentado tanto el hombre común como el científico.

• Existe un mundo objetivo, y la realidad tiene una contextura independiente del conocimiento que el hombre puede tener de ella.

• De esta realidad se puede afirmar algo de sus propiedades estructurales y relacionales, que se captan por una serie de procedimientos y por la imaginación y la intuición del hombre.

• Esta realidad es la base y el punto de arranque del conocimiento. En consecuencia, el conocimiento científico queda acotado al terreno o ámbito de la realidad.

• El conocimiento científico procura establecer una conexión universal de los fenómenos.

• Para que el conocimiento tenga carácter científico, es necesario elaborar instrumentos que garanticen y controlen la validez de los conocimientos adquiridos.

De todo ello se desprende que los conocimientos no aislados, sino incorporados a un sistema, constituyen una ciencia. Ahora bien ¿qué relación se puede establecer entre la ciencia y la tecnología?. Se puede distinguir una secuencia que iría desde la investigación básica a la investigación aplicada y de ésta al desarrollo tecnológico.

La noción de ciencias puras y aplicadas extrae parte de su dureza de una imagen aparecida en el S.III en Occidente: la del árbol de la ciencia de Porfirio.

Según esa concepción, los conocimientos se parecerían a un árbol, en el sentido de que ciertos conocimientos fundamentales formarían el tronco que se dividiría en varias ramas gruesas que, a su vez, se ramificarían abundantemente. De este modo, las preguntas que se plantean en ciencias fundamentales son preguntas de ciencias paradigmáticas (o, retomando la expresión de Khun, "ciencia normal"). Así es como se puede creer que, hasta cierto punto, esas investigaciones fundamentales producen un saber "puro" de toda interacción con la sociedad. Pero, "tal visión es evidentemente parcial, ya que las investigaciones fundamentales se corresponden finalmente también con cierta demanda social y con ciertos intereses" (Fourez, 1994: 143).

Podríamos clarificar los diferentes conceptos en estos términos: Las ciencias básicas se orientan a la adquisición de nuevos conocimientos, responden a demandas internas de la propia disciplina, estudian problemas definidos en el mismo paradigma que domina el campo de conocimiento y los criterios de validez de los resultados los establece la misma comunidad científica.

Las ciencias aplicadas tienen un destino social directo, responden a demandas sociales externas y la validez de los resultados será juzgada por un grupo social diferente al de los investigadores. Finalmente, las tecnologías se consideran aplicaciones concretas dentro de un contexto social determinado. La relación entre estos tres conceptos es dinámica, influyéndose mutuamente. Ciencias y tecnologías aparecen en la actualidad estrechamente vinculadas y en muchos casos resulta difícil determinar qué tipos de desarrollos pueden ser considerados como técnicos y cuáles como científicos. Las diferencias entre Ciencia y Tecnología, siguiendo a Bunge (1981) y Sancho (1994a: 21) podrían resumirse en:

• La tecnología no informa de lo que va a ocurrir, aunque sí de los métodos para evitar o cambiar lo que va a ocurrir.

• La tecnología es más pobre y menos profunda, ya que reduce y simplifica el conocimiento de acuerdo con las necesidades.

• La tecnología estudia variables externas, en tanto que la ciencia estudia variables intermedias.

• La ciencia es un instrumento para el tecnólogo.

• La tecnología busca la eficacia, la ciencia la verdad.

• El científico contrasta teorías mientras el tecnólogo las utiliza.

• La ciencia persigue leyes y la tecnología normas.

Respecto a las características epistemológicas de la tecnología, Sarramona (1990) le confiere las siguientes: Racionalidad (las decisiones adoptadas deben apoyarse en decisiones razonadas), Sistematismo (los elementos que intervienen en el proceso son contemplados en sí mismos y en relación con los demás), Planificación (la tecnología demanda un proceso anticipatorio sobre la acción), Claridad de las metas (el proceso tecnológico se desarrolla para alcanzar metas claramente especificadas de antemano), Control, Eficacia y Optimización.

Por su parte, García Carrasco (1996) identifica el objeto artificial (a diferencia del natural) y el diseño del mismo (a diferencia de una representación a posteriori) como los conceptos clave de la tecnología. En relación a estos dos conceptos, las características de la tecnología serían:

• Se diseña o planea con la ayuda de algún tipo de conocimiento expresable y utilizable por otros.

• El diseño es de carácter estratégico.

• La acción técnica se aprende.

• La acción técnica es legal o normativa, es decir, se rige por especificaciones y reglas.

Podríamos decir, a tenor de lo expuesto y a modo de síntesis, que la distinción entre ciencias y tecnología extrae su sentido de la diferencia de los contextos sociales en los que los saberes científicos y tecnológicos se aplican . Así, los saberes científicos se aplican en un lugar restringido, los laboratorios, y están unidos a una investigación particular: la comunidad científica. Por el contrario, los saberes tecnológicos o las ciencias aplicadas se utilizan en la realidad social tomada globalmente, en el mundo exterior.

Por otra parte, es necesario insistir en la idea de que las ciencias y las tecnologías no son neutras, no son instrumentos puramente materiales, sino que también remiten a un sistema social. Las opciones tecnológicas condicionan el tipo de vida social de un grupo y las ciencias responden a determinadas motivaciones sociales. Por su parte, Mitcham (1990) establece la relación moderna entre ciencia, tecnología y sociedad en base a las siguientes proposiciones:

a.

b. La ciencia y la tecnología deben estar separadas, aunque se establezcan entre ambas complejas interrelaciones.

c. Tanto la ciencia como la tecnología deben estar controladas democráticamente por la sociedad o la política.

La creciente importancia social de la ciencia y la tecnología ha provocado el surgimiento de un campo de investigación interdisciplinar denominado "Ciencia, tecnología y sociedad", cuyo objetivo es el estudio del desarrollo científico y tecnológico y de sus consecuencias sociales.

"Cuando uno comienza a entrever la complejidad que subyace en este tipo de problemas, caracterizados por el descubrimiento de una plétora de dimensiones humanas encarnadas en nuestros conceptos de ciencia y tecnología, y de las dimensiones tecnológicas que conforman nuestra imagen del ser humano, aparece con más claridad la importancia de la filosofía hacia terrenos aún sin desbrozar como el de los Estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad, que tratan de sistematizar una concepción interdisciplinaria de la ciencia y la tecnología que trae a la superficie este intercambio de dimensiones" (Bustamante, 1993: 21)

En mi opinión es acertado el análisis de Bustamante (1993: 13), para quien la capacidad transformadora de la tecnología se muestra en una doble vertiente: tecnología como instrumento de construcción de la realidad, y como creadora de imágenes y modelos del hombre y la sociedad. Ciertamente, la ciencia y la tecnología, la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I+D) son recursos críticos para la competitividad económica de un país y también, indirectamente, para la calidad de vida y el bienestar social.

En las sociedades avanzadas actuales el desarrollo científico y el cambio técnico no sólo afecta a las estructuras productivas (cada vez más intensivas en ciencia y tecnología) sino también al conjunto de las estructuras e instituciones sociales.

Así, se pueden distinguir tres teorías que se ocupan del estudio de esta relación: la teoría instrumental, la teoría substantiva y la teoría crítica. (Feenberg, 1991; Sancho 1994a)

La teoría instrumental, que coincide con la visión dominante de los gobiernos modernos y de las políticas científicas en las que confían, trata la tecnología como subordinada a los valores establecidos en otras esferas sociales (por ejemplo, la política y la cultura). En esta visión subyace la idea de sentido común de que las tecnologías son herramientas preparadas para servir a quienes las usan.

La teoría substantiva, sin embargo, atribuye a la tecnología una fuerza cultural autónoma que anula todos los valores tradicionales o en competencia. Su argumento es que la tecnología constituye un nuevo tipo de sistema cultural que reestructura todo el mundo social como un objeto de control. Este sistema se caracteriza por una dinámica expansiva que, en definitiva, mediatiza cualquier enclave pretecnológico y configura toda la vida social.

La teoría críticade la tecnología traza un recorrido difícil entre la resignación y la utopía. Argumentan que la conquista de la naturaleza no es un hecho metafísico, sino que comienza en la dominación social. Por lo tanto, el remedio se encontrará en el avance democrático. La liberación de la humanidad y la liberación de la naturaleza se conectan en la idea de una reconstrucción radical de la base tecnológica de las sociedades modernas. Al elegir nuestras tecnologías nos convertimos en lo que somos, lo que a su vez condiciona nuestro futuro.

En los debates actuales sobre la informatización de la sociedad y los aspectos filosóficos de la inteligencia artificial se manifiesta el esfuerzo que llevan a cabo filósofos y científicos sociales para aportar nuevos elementos que nos permitan comprender mejor la naturaleza y el impacto de una tecnología que de forma a veces disimulada propone imágenes y modelos de cómo el ser humano debería ser y funcionar. Dicho de otra manera, ese "nuevo tipo de sistema cultural" que, según Feenberg, constituye la tecnología, se vivencia como problema: la deshumanización. Esto es, la posible pérdida de perspectiva de los valores y fines humanos que la tecnologización de los distintos aspectos de la vida en una sociedad avanzada puede generar.

Desde una perspectiva crítica, Alvarez y Méndez (1995) van más allá, cuestionando el imperativo tecnológico no sólo en sus repercusiones sociales sino también y fundamentalmente en sus procesos de configuración y desarrollo.

Estos autores mantienen que la dinámica del cambio sociotécnico no es unidireccional, sino que al mismo tiempo que la tecnología construye la sociedad, los grupos y actores sociales, con sus valores e intereses, configuran la tecnología. Esta idea le lleva a introducir términos como "tecnología en acción", "tecnología trenzada con la ciencia y la sociedad", "ingeniería heterogénea", con los cuales quieren presentar una nueva concepción de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad, superando la identificación de la tecnología con los artefactos, analizando cómo se configuran las diferentes tecnologías y poniendo de manifiesto cómo la tecnología está al servicio de determinados intereses sociales, o incluso de determinadas clases sociales.

Desde esta óptica defienden que las actividades y productos de la acción del hombre traspasan la mera construcción de herramientas y máquinas y se pueden entender mejor si se agrupan en cuatro figuras:

a.

b. Tecnologías organizativas: establecen reglas de acción para las personas y comunidades, gestionan la distribución de bienes y el reparto de lugares y funciones de la sociedad.

c. Tecnologías artefactuales: instrumentos físicos que gozan de cierta independencia de los agentes humanos para desarrollar su actividad.

d. Tecnologías simbólicas: se identifican con signos, rituales, símbolos, representaciones geométricas y topográficas, etc.

e. Biotecnologías: tecnologías cuyo componente principal y predominante incide sobre la vida biológica.

El análisis de las distintas tecnologías que el hombre elabora y de las que se sirve en función de determinados valores e intereses, nos lleva a no perder de vista que la historia de la ciencia y de la tecnología, lejos de moverse por la pura racionalidad y la perfección de las máquinas, está marcada por los deseos, las necesidades y los propósitos de la sociedad, de los hombres y mujeres que la forman.

Técnica y Tecnología.

El término griego "téchne" (arte, destreza) es la raíz común de las palabras técnica y tecnología; el sufijo "logía" proviene del griego "logos" (palabra, habla, tratado). En un análisis puramente etimológico-semántico, podemos decir que "la tecnología es el tratado o ciencia que estudia la técnica", y ¿qué se entiende por técnica?.

Se puede decir que la conceptualización de la técnicacomo "saber hacer de forma eficaz", y con el sentido de "realización material y concreta de algo" parece encontrar un amplio consenso. Así, se podría definir como: "un conjunto de procedimientos dirigidos a hacer bien una cosa" (Fullat, 1.978: 20) o "una acción técnica, proceder técnico o intervención técnica, un modo de saber empírico, artesanal, precientífico" (Benedito, 1.987: 57).

La técnica se vincula, además, a los procesos de transformación de la naturaleza por parte del hombre con objeto de cubrir diferentes tipos de necesidades, desde las más básicas ligadas a la supervivencia, hasta necesidades relacionadas con el ocio y la calidad de vida.

En este sentido, las diferentes concepciones de la "técnica" reflejan distintas actitudes, en unos casos favorables al desarrollo tecnológico de las sociedades, en otros muy críticas ante el mismo.

Ortega y Gasset (1939) analiza el concepto de técnica desde una perspectiva antropológica, concluyendo que la dimensión más importante de la técnica no reside en la satisfacción de las necesidades humanas sino en la ampliación del campo de posibilidades de acción del hombre sobre su entorno.

También desde una perspectiva antropológica, el filósofo Zubiri (1986:331) aborda en concepto de técnica y a su juicio, la técnica expresa "la unidad intrínseca entre el saber y el hacer" y cuando el hacer se refiere a la inteligencia surge la invención creativa del hombre, creación que se aplica fundamentalmente a la resolución de problemas reales. Y que llega a producir de forma artificial lo mismo que la naturaleza, nuestra técnica no se limita a fabricar artefactos, sino que puede producir entes naturales y controlados. En este sentido, el autor parecía prever el espectacular desarrollo que se iba a producir en las áreas de biotecnología e ingeniería genética, ciencias de gran impacto en la actualidad.

En el polo opuesto encontramos autores críticos como Mumford y Winner, el primero vincula el avance científico y técnico con intereses económicos y políticos y el segundo se pregunta qué formas de tecnología son compatibles con las sociedades democráticas.

Definido el concepto de técnica y puesto de manifiesto las diferentes actitudes hacia el desarrollo tecnológico, cabe preguntarse ¿qué diferencia existe, si la hay, entre técnica y tecnología?. La respuesta podría resumirse en considerar que la tecnología es una ciencia aplicada a la resolución de los problemas que se basa en la utilización de técnicas avaladas por el conocimiento científico.La diferenciación entre tecnología y técnica se puede establecer, siguiendo a Bunge (1980), en la consideración de la ciencia. Si la ciencia aporta formas de saber, la tecnología aporta formas de hacer basándose en los conceptos científicos. La tecnología se vincula fundamentalmente a las técnicas industriales, mientras que la técnica se relaciona con habilidades prácticas vinculadas a procesos artesanales.

Algunos autores se expresan en este sentido cuando tratan de caracterizar lo que es la tecnología:

"La tecnología aparece cuando el problema de acción que se pretende resolver mediante la aplicación de técnicas es objeto de reflexión teórica; de ahí, entonces, que se pueda afirmar que la tecnología es la teoría de la técnica" (Colom, 1.986: 18).

"La Enciclopedia francesa prestó una gran atención a todas las técnicas, en particular a las mecánicas, incorporándolas al "saber" (la ciencia). Esta incorporación ha sido tan completa que en algunos momentos se ha llegado a considerar no sólo que la técnica es un saber, sino que el saber es fundamentalmente técnico. Esta fusión indisoluble (y aparentemente indispensable) entre ciencia y técnica abre un nuevo espacio de conocimiento, el de la tecnología, como una técnica que emplea conocimientos científicos y que a su vez fundamenta a la ciencia al darle una aplicación práctica. La tecnología se configura como un cuerpo de conocimientos que, además de utilizar el método científico, crea y/o transforma procesos materiales" (Sancho, 1.994a: 19).

Dos características fundamentales parecen dibujarse del análisis de las definiciones expuestas: la referencia a la resolución de problemas prácticos por parte de la tecnología y la referencia asimismo a su carácter teórico, estableciendo por esta vía la relación entre Ciencia y Tecnología. Por otra parte, la tecnología como proceso humano puede entenderse que forma parte de la cultura y como elemento cultural la tecnología lleva asociados determinados valores, plantea determinadas relaciones del hombre con la naturaleza y entre las propias personas. Por lo tanto, es necesario el análisis y reflexión sobre las dimensiones humanas y sociales asociadas al desarrollo tecnológico, teniendo como ángulo de visión las repercusiones educativas de los cambios culturales y sociales que conlleva el desarrollo tecnológico.

Ciencia, Tecnología y Sociedad.

Se puede decir que las características más genuinas de la sociedad actual son el cambio y la complejidad. Tal afirmación es explicada por Sancho (1993, 1997) debido al aumento extraordinario del volumen de conocimientos científicos, tecnológicos y sociales experimentados desde finales del siglo XIX, la utilización masiva de las tecnologías de la información y la comunicación en todos los ámbitos de la vida, unidos a las tendencias político-económicas vigentes desde los años 80. En este contexto se están cuestionando y redefiniendo muchas concepciones tradicionales de lo que significa ser una persona culta, educada y profesional, el valor de los conocimientos y habilidades personales y profesionales, el papel de los sistemas educativos escolares, el sentido de la formación más allá de la enseñanza reglada, etc. La educación debe responder a la necesidad de afrontar cambios de forma continuada, no sólo a nivel profesional sino también personal, social y cultural; de enfrentarse a situaciones complejas que requieren el desarrollo de nuevas capacidades y habilidades, incluso nuevos modelos culturales, sistemas de valores, pautas de actuación y modos de vida; de saber vivir en un mundo que rebosa información pero en el que las personas no saben más.

También se caracterizan las sociedades industriales avanzadas por la globalización de la economía, la revolución de las tecnologías de la información y de la comunicación y un profundo cambio cultural en los valores y formas de vida occidentales (Castells, 1994). Este cambio en los modos, usos y costumbres culturales vienen dados, entre otras causas, por el tránsito desde valores materialistas propios de una sociedad industrial hacia valores pos materialistas (pacifismo, ecología, calidad de vida) representativos de una sociedad postindustrial, postmoderna o informacional (Inglehart, 1991).

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada